Un tramo de riel, de aquellos que se solía usar hace un siglo para la construcción de edificios en Tampico, sobresale a 3 pisos de altura…
Como una especie de soporte superior para algún sistema de polea antiguo, el trozo de metal que sobresale a 3 pisos de altura en la calle Pedro José Méndez, del centro de Tampico, se integra al panorama urbano de esa parte histórica de la ciudad.
Y resulta todo un misterio, hoy en día, que una viga de hierro asome justo por encima del dintel de esa puerta situada en lo alto de aquel único edificio restaurado en toda la cuadra al cien por ciento.
El inmueble, situado justo frente al lado norte del nuevo mercado municipal y cuya arquitectura lo hace parecer una parte del que se ve al lado ya deteriorado, deja ver también, sostenido de aquel riel, un pedazo de cadena con su polea.
Sólo el recién nombrado cronista de Tampico, letrado en la historia de este municipio, podría explicar si efectivamente ese pedazo de hierro se usó como parte de un método para elevar objetos de gran peso, o simples cubos de agua, piso por piso.
Es posible que lo levantado por ese medio en la centuria anterior haya sido mercancía: recuérdese que había ahí, antes del primero de los tres mercados que en el sitio ha habido, un embarcadero de lanchas mercantes, dado que era esa una orilla del río Tamesí.
Y a unos pasos de ahí estaba el puente Carmen Romero Rubio, que conectaba con la aduana, por lo que hay probabilidades de que la enigmática viga se cuente entre esas historias, aunque sólo el dueño del inmueble, o Aurelio Regalado, el cronista, nos lo podrían decir.
